Necesito escribir, porque sale todo.
Como si fuera un peso que llevo, como parte de mi naturaleza ahora, y debo expulsar cada cierto tiempo.
Me doy cuenta de eso, por la música.
Las canciones que escuche a su lado, que no son pocas, me remontan a momentos precisos.
Por ejemplo, cuando sacaba su brazo por la ventana del carro mientras la velocidad iba acelerando, en el malecón cerca al mar.. en uno de esos pocos días soleados que pasamos. Con esa canción que decía algo como ...Midas king.
Cuando por primera vez me cantó, y fue tan cursi, justo al despertar... una canción de Arjona.
O cuando vi en su casa el CD de Alejandro Sanz de su mamá. Nos reímos tanto que sin darnos cuenta sabíamos todas las canciones.
Y la única canción que me hace doler, la que me dedicó antes de que todo pasé y cuando todo empezó e inmortalizó su sonrisa en mi mente y me hizo sentir que sus ojos no dejarían de verme nunca.
Puedo medir mi estado en base a estos sonidos.
Si siento que vivo con cualquiera de estas canciones, debo admitir que sonrio solo de pensar que estoy sola.
Sin embargo, conforme pasa el tiempo su presencia aparece borrosamente, luego como el inevitable holograma que creó, que me sigue y me acosa en cada melodía... hasta que no puedo más y lo dejo todo por escrito, como quitandome la carga que fue.
Así retorno a cero, vacio su recuerdo y me pongo a prueba de nuevo.